Como una persona  

 

Tanto el stress como la depresión, también las sufren nuestros animales de compañía. Las causas son muy variadas y numerosas. Las especies más inteligentes serían las más propensas. Los humanos compartimos con los animales algunas de ellas en este tipo de afecciones.

Uno de los puntos de partida en la comprensión del problema es intentar ponerse en la situación en que se encuentre nuestro animal. No pretendo abarcar toda la problemática, sólo dar razones para inicial el debate. Repasaremos las distintas causas que con más frecuencia podemos ver en la práctica clínica diaria.

Teniendo en cuenta que para nuestros perros su dueño es el jefe absoluto , algo así como un dios, estos se estresan cuando no nos comprenden.

  1. A.    No entienden por qué les castigamos por cosas que para ellos son normales, como la defensa de la casa, búsqueda de sexo y marcaje de territorio.
  2. B.     No imaginan los fines de un adiestramiento, aunque lo aprendan, sobre todo si les pedimos acciones que en su medio natural no se dan. La educación de cada animal ha de tener en cuenta su carácter, lo que para cada uno tiene de dificultad aprender una cosa. Forzar su capacidad le supone un stress que casi nunca se valora.
  3. C.     Les afectan, negativamente, tanto a perros como a gatos, las variaciones en su tipo de vida o ambiente. La muerte de algún familiar, los divorcios, los cambios de casa o las reformas de la misma. Las estancias en guarderías no adecuadas. La llegada de niños pequeños o de otros animales, si se sienten desplazados, y la soledad.
  4. D.    Otro conjunto de experiencias que conducen a la depresión son los accidentes de tráfico, caídas desde balcones, mordeduras de otros animales, falta de ejercicio necesario (perros atados).

El carácter del animal es el que determina el mucho o poco sufrimiento que estos sucesos le provocan. El comportamiento de un perro o gato deprimido lo reconocemos fácilmente, por ser bastante similar al cambio de actitud que también tenemos los humanos. Aunque aquí solo generalizamos, cada individuo pasará por un proceso distinto.

Los vemos tristes y apáticos, se apartan de la gente, cuando antes buscaban compañía. Los que habitualmente son solitarios demandan ahora el consuelo de una caricia. Dejan de jugar, incluso de comer y beber. Hay de ellos que se vuelven agresivos, como respuesta a una situación que les hace sentirse inseguros. No es raro que empiecen a defecar y orinar en cualquier sitio.

En general, son variantes de su comportamiento habitual. Debemos percatarnos de estas anormalidades y entenderlas como un aviso de que algo no marcha bien para nuestro amigo. Estos estados tendrán repercusión, en un plazo más o menos largo, en su salud física. Al igual que nosotros, cada animal tiende a enfermar de una parte de su cuerpo: piel, oídos, aparato digestivo, etcétera, y ésta es en la que veremos las primeras consecuencias de la depresión nerviosa.

Un organismo deprimido disminuye sus sistemas de defensa, siendo más vulnerable a cualquier tipo de afección. Estas enfermedades suelen tener en común que curan bajo tratamiento, pero con frecuencia el enfermo recae. El stress y la depresión favorecen la aparición de enfermedades, y éstas también pueden producir stress y depresión, es un círculo vicioso que hay que solucionar.

En la depresión, como en todas las enfermedades, una de las mejores medidas es la depresión. En nuestro caso, cubrir las necesidades vitales del animal. No tratar a un perro como una persona, ni a un gato como a un perro… Como he dicho anteriormente, ponerse en su lugar. Cada especie tiene unas particularidades, que seguramente nos gratificará ir conociendo; además dentro de cada raza y también cada individuo tiene su carácter particular. Esto contribuye para que, a poco que nos fijemos, nunca dos animales sean iguales. Valoraremos mejor a cada uno y veremos qué cosas podemos pedirles, sin traumatizarles. Algunos adoran las caricias, otros son más independientes. Con una adecuada situación mental, del animal, recibiremos de él toda su entrega y afecto, sentirán que comprendemos sus necesidades.

Una depresión leve se supera, frecuentemente, anulando sus causas, pero una más grave ya necesita ayuda, para no llegar a tener consecuencias serias. De igual manera que nos atrae la inteligencia de nuestros animales, debemos fijarnos en las necesidades que se derivan de esa inteligencia. Se dan cuenta si disminuimos nuestra atención, si no los respetamos…

Si la palabra depresión tiene excesivas connotaciones humanas, lo que es innegable es el stress que sufren nuestros animales, por las mismas causas que los hombres se deprimen. No discutiremos por palabras cuando los hechos las superan.

Añadiré que si la víscera humana asociada culturalmente a los afectos es el corazón, nuestros animales también lo tienen en toda la expresión del término. Así como los corazones afines se hablan sin palabras, nuestros amigos nos transmiten así su bondad, entrega y cariño.